Pareja Tauro con Sagitario

Esta unión no contiene demasiados aspectos armónicos, tan pocos como los que resultan de la conjugación entre el elemento tierra, en su acepción estable (Tauro), y el elemento fuego, en su acepción variable (Sagitario). Son numerosos los elementos de carácter disonantes entre ambos como para aventurar una relación compacta, pero no hay que olvidar que en la ruleta rusa del amor casi todo es posible o, cuando menos, probable: desde ganar el séptimo cielo en una arriesgada apuesta, hasta perder el futuro en el más fácil de los envites.

En términos zodiacales, Tauro es uno de los signos más lentos, pasivos, introvertidos y realistas y Sagitario, junto con Acuario, uno de los más rápidos, activos, extrovertidos y utópicos. A Tauro le gusta paladear la vida, bebérsela sorbo a sorbo y disfrutarla en sus dominios, en su zona de seguridad, en su hogar y con los suyos; contrariamente, Sagitario siempre está dispuesto a bebérsela a grandes tragos, a apurarla sin medida ni contento.

Su espíritu de trotamundos, aventurero, agitador y revolucionario, siempre está listo y con la mochila preparada para partir hacia la defensa de cualquier causa, para implicarse con lo peregrino o para dejarse llevar por lo contingente.

El optimismo, el entusiasmo y la fe en sí mismo son sus eternos banderines de enganche, sus vitales consignas que le inducen a buscar nuevas sensaciones y desconocidos horizontes; mandatos que le arrastran a llevar un tipo de vida independiente, que entiende más de la agitación que del sosiego y que conoce mejor lo lejano que lo próximo.

Como es de suponer, ensamblar ambas tendencias caracteriales y lograr una unión aceptablemente armónica y gratificante no es tarea fácil para ninguno de los dos, que deberán entregarse a la esforzada labor, casi contra natura, de hacer coexistir sus alejados mundos, permitiéndose, así, la creación de un particular ecosistema, capaz de albergar y hacer florecer el enamoramiento que el destino les preparó, seguramente, sin su consentimiento.

El amor puede nacer en cualquier terreno, fruto de lo símil o lo disímil, de lo adecuado o de lo inconveniente, de cualquier forma y en cualquier momento; posee esa misteriosa capacidad que escapa a la comprensión y que a ninguno de los sentidos humanos deja ajeno. El amor lo estimula todo, pero exige y reclama, con voraz urgencia, ser alimentado, como el más tiránico de los niños, porque instintivamente sabe que lo contrario significa naufragar, morir sin remedio.

Tanto Tauro como Sagitario son dos signos entregados a la aventura amorosa y dispuestos al intercambio de afectos y de pasiones, aunque difieren diametralmente, tanto en las formas de vivenciarlos, como en la de explicitarlos y, por consecuencia, no les es fácil congeniar o establecer un lenguaje común que no albergue desconfianzas, recelos y desencantos.

Tauro, como ya se ha comentado en otras ocasiones, comulga con el mito del amor fácil, estable, inmutable y eterno, todo ello enmarcado en un cuadro de sentido común. Un amor que, a su entender, se nutre más de sentimientos estables que de arrebatadoras pasiones; un tipo de amor que le permite instalarse en la vida, someter el tiempo a su voluntad y acceder al cielo por la puerta grande.

Inversamente, su compañero Sagitario alimenta el mito del amor apasionado, arrebatador y paroxístico. Ese tipo de amor que inflama sucumbe a la tentación y puede arrastrar al abismo; un amor más emparentado con la locura y la revolución que con la más elemental racionalidad.

Qué tienen a favor

• En la esfera íntima, la polaridad femenina y pasiva de Tauro se fusiona a la perfección con la masculina y activa de Sagitario, siempre sobrada de iniciativa y de inventiva, aunque algo ruda en las formas, un extremo que al taurino le incita sobremanera y le hace ser solícito a los impetuosos y variables requerimientos de su pareja.

• Tauro es paciente, receloso, calculador y tiende a frenar o cuestionar los impulsos espontáneos, entusiastas y vehementes de Sagitario, evitándole, en ocasiones, cometer errores garrafales. Por su parte, Tauro se beneficia de la amplitud de miras de su compañero a la hora de abordar un problema o considerar alguna actuación.

Qué tienen en contra

• La convivencia entre ambos rara vez escapa al conflicto porque el taurino es costumbrista, hogareño, solitario y tranquilo y el sagitariano, todo lo contrario. A Tauro le cuesta retener en sus dominios y controlar al sagitariano, y a éste le cuesta adherirse a un modo de vida previsible, basado en la inercia y que excluye el ruido y la aventura por sistema, y se desgasta intentando movilizar al taurino para que le acompañe en sus correrías. A Sagitario le gusta vivir a lo grande y se preocupa más en cómo dilapidar su dinero (también el ajeno), que en mantener una reserva y un control, especialidad de Tauro. Para Sagitario, el dinero es un botín que hay que disfrutar y para Tauro un botón que hay que asegurar para que no se caiga.

• La dificultad para establecer un proyecto de futuro común les dificulta sostener la relación en los momentos de crisis, que es cuando con más fuerza surgen sus notorias diferencias caracteriales. Tauro, dependiente, posesivo y materialista, necesita tener para ser y Sagitario, siendo sin tener, alberga otro tipo de horizontes más encaminados al desprendimiento que a la acumulación de ningún tipo.

• Entenderse hablando tampoco les resulta fácil porque Tauro es minimalista y categórico y Sagitario, maximalista y relativista por excelencia. Al taurino, por ser de digestión lenta, le cuesta entender la dispersión mental, la incontinencia verbal y, sobre todo, la tendencia sagitariana de vomitar lo que todavía no ha digerido; igualmente, el sagi-tariano no puede metabolizar la pesadez del discurso monocorde taurino.

• En caso de conflicto, sus discusiones suelen ser épicas porque ambos son muy dogmáticos y les cuesta variar sus firmes posicionamientos, desde los que pelean para imponer su visión, Sagitario desde la imposición dictatorial y Tauro, a través de la reiteración y la espera desgastante.

Síntesis de la relación de pareja Tauro Sagitario

La diferencia entre querer vivir rápido y lento, en un solo color o en el arco iris, es la que acoge esta pareja, que siempre halla dificultades para encontrar el punto de equilibrio y el sentido de la medida en sus planteamientos comunes.

Necesitarán tiempo y dedicación para poder lograr la coexistencia armónica de sus antagónicos temperamentos y cuanto menos hablen y más hagan, mejor les irá, entre otras cosas porque Tauro no habla, sino narra, y Sagitario tampoco habla, sino predica, y los predicados constituyen, precisamente, un gran foco de conflicto, el segundo después del dinero.

Lo óptimo para ambos es que posean dos cuentas corrientes y una sólida cama para propiciar el entendimiento en estos y otros pequeños desacuerdos.

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